who´s denchu?

 

No me pregunto quién soy, porque toda pregunta por la identidad tiende a fijar aquello que, en su propia naturaleza, se define por el movimiento, por la deriva y por la imposibilidad de estabilizarse sin perder espesor; lo que me interesa no es el nombre que me designa, sino la forma en que mi práctica se manifiesta, irrumpe y deja una huella sensible en la experiencia de otros.


Me llamo Denisse Sosa, aunque whoisdenchu no funciona como un simple apodo sino como una construcción deliberada, un gesto de autoinscripción que empezó a tomar forma cuando, en 2022, decidí sumergirme en el mundo de la fotografía no como quien adquiere una técnica, sino como quien encuentra un territorio desde el cual pensar, sentir y trabajar con lo que acontece. Desde entonces, mi práctica se despliega en contextos diversos, recitales, bodas, cumpleaños de quince, boliches, producciones editoriales y trabajos de producto, no como una enumeración de formatos, sino como escenarios donde la experiencia se condensa, se intensifica y exige ser mirada con atención.


Hábito una tensión constante entre impulsos que no buscan resolverse, donde la curiosidad, el desorden y una sensibilidad abierta al exceso conviven con una mirada crítica, una atención minuciosa al detalle y una ética del hacer que no opera como norma tranquilizadora, sino como compromiso con aquello que produzco y con las condiciones en que eso circula en el mundo. En mi trabajo, esta dualidad se vuelve especialmente visible cuando la práctica artística entra en contacto con las exigencias del mercado, que demanda legibilidad, continuidad y cierta homogeneidad formal, mientras lo sensible se resiste a quedar completamente capturado, filtrándose en los márgenes, en los gestos mínimos, en aquello que no se deja normalizar del todo.


No rechazo la forma, porque entiendo que sin ella la experiencia se disuelve, pero desconfío de su absolutización, de ese profesionalismo que endurece la mirada y de esa adultez que confunde responsabilidad con renuncia, apagando la curiosidad, el juego y la disponibilidad afectiva necesarias para crear como si cada acto fuera un comienzo. Pienso esta tensión en términos de fuerzas apolíneas y dionisíacas que no funcionan como opuestos a conciliar, sino como modos de relación con lo real que se requieren mutuamente, donde la medida, la simetría y la visibilidad hacen posible cierta permanencia, mientras la intensidad, el exceso y la pérdida de contornos empujan hacia una experiencia que desborda lo conceptual y pone en crisis la estabilidad del sentido. Dionisio no aparece para destruir la forma, sino para recordar su carácter provisorio, para devolverle a la experiencia su condición de devenir, mientras Apolo actúa como un filtro que vuelve habitable esa intensidad, aun sabiendo que en ese gesto algo de lo vivo se enfría y se pierde.


Mi práctica fotográfica se sitúa en esa fricción, en la búsqueda de una forma que no traicione el silencio, la opacidad y el misterio que acompañan toda experiencia sensible. Trabajo con el instante no para fijarlo como objeto cerrado, sino para sostenerlo en su carácter efímero, produciendo un archivo sensible que no funcione como prueba ni como conclusión, sino como umbral, como espacio de reactivación donde el recuerdo no se reconoce, sino que se siente. Lo que persiste no es la imagen en sí misma, sino el eco de una experiencia que vuelve al presente, una forma de retorno que no busca explicación ni clausura, sino afectación, presencia y una temporalidad suspendida que insiste aun cuando el momento ya ha pasado.


Who’s Denchu no remite entonces a una identidad a descifrar, sino a una construcción consciente, a una forma que se arma para que algo de la experiencia pueda sostenerse sin agotarse en su exposición. Denchu no nombra un origen, sino un modo de aparición, un dispositivo que media entre la intensidad vivida y su posibilidad de circulación, permitiendo que lo sensible encuentre una forma sin quedar completamente capturado, existiendo allí donde la experiencia necesita un marco para no disolverse, donde lo vivido se vuelve legible sin perder del todo su opacidad.

                                         

                                                               - Denisse Sosa